“—Majestad, no es necesario que le demos explicaciones sobre eso. El Dios a quien servimos puede salvarnos de su castigo y del horno de fuego. Es más, AUNQUE ÉL NO LO HICERA, su majestad debe saber que no adoraremos a sus dioses ni nos arrodillaremos frente a la estatua de oro que ha construido” (Daniel 3:16-18 PDT).
INTERPRETACIÓN PRÁCTICA: Los jóvenes hebreos confiaban en que Dios los podía librar de la muerte, pero también sabían que existía la otra posibilidad -la que no nos gusta oír, predicar, enseñar, pero que sabemos puede ocurrir-, que Dios los dejara morir. ¿Qué aprendemos? Convicción, fe, esperanza, todo eso es correcto, pero también aprendemos a vivir la vida con los ojos puestos en el cielo y los pies firmes en la tierra; o sea, estar preparados para todo lo bueno que nos pueda venir, pero también para todo lo malo* que nos pueda suceder. La vida es así, no todo es color de rosa, no siempre ocurre lo que quisiéramos, a veces el horno de fuego será inevitable. Vivamos la vida esperando en Dios, pero entendamos que Él “no es el genio de los tres deseos” ni tiene obligación alguna de librarnos de toda adversidad.
- Los divorcios se dan incluso dentro de las filas cristianas (no serás el primero ni el último que pase por esto)
- Las crisis financieras también golpean a los hijos de Dios (el que ofrendes y diezmes no garantiza una cuenta bancaria abultada)
- Las enfermedades también afectan a los que son su pueblo (no estás exento, pero sí cubierto)
- Las depresiones también pueden afectarte (no eres un súper humano)
Agradece a Dios por cada jornada en tu camino. Aprende que la vida es como un columpio y que debes estar preparado para las subidas y las bajadas. Y sobre todo, no negocies tus convicciones, así todo salga mal, simplemente di, ¡NO ME INCLINARÉ ANTE LA ESTATUA DE ORO!


